
Argentino metió otro punto de oro directo a la tabla posicional. Lo necesitaba. Le costó, lo tuvo y casi lo perdió. Pero lo ganó 84 a 83 y eso es lo que cuenta. Si hay algo que caracterizó a Capelli en los anales de su historia como entrenador, fue hacerle pagar caro los errores al banco adversario. Y Peñarol se equivocó tanto, pero tanto, que teniendo el partido ganado lo perdió. El Milrayitas le erró varias veces al pedido de los tiempos muertos computados, que Argentino los capitalizó para mantenerse arriba, y ni que hablar en la última pelota del partido que en vez de sacar en ataque lo hizo en defensa. Y la perdió. Y Schriver la metió en la canasta. Y ganó el Turco 84 a 83. Todavía la gente de Argentino se está pellizcando porque no puede creer lo que vio. No entiende si es real o creado con la inteligencia artificial, o está en medio de un sueño profundo del que no se puede despertar. Cierra los ojos en la cancha, los abre y el tablero dice que ganó Argentino, festeja, salta de las butacas, grita, aplaude, llora. En fin, es la sangre azul que no tiene escala de grises, o se es hincha o nada….
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